lunes, 14 de julio de 2014

El miedo a la libertad (III)

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El proceso de evolución institucional en los países se desarrolla cuando prevalecen las ideas y las acciones de los líderes inclusivos e integradores que, apoyados por ciudadanos con valores y/o por líderes con similares inquietudes, impulsan las instituciones morales responsables del arraigo de una sociedad civilizada, abierta y libre; con respeto por los derechos individuales y por el orden de mercado, constituido por los miles de millones de interacciones e intercambios entre las personas que habitan una nación.
 
Por el contrario, de acuerdo con la nueva teoría de la evolución institucional, el proceso de involución institucional en los países se produce cuando se impone coactivamente una jaula de hierro, en donde prevalecen la propaganda y el mal uso de los recursos públicos, por parte de oligarquías extractivas y destructivas, que buscan sus propios intereses particulares de dinero y poder; atropellando los derechos civiles de los ciudadanos y, en consecuencia, el orden de mercado.
 
Sin embargo, las reflexiones anteriores deben ser completadas con el estudio de los factores psicológicos en el proceso de evolución (o involución) sociocultural, porque permiten entender cómo los hombres actúan y modifican su comportamiento en el uso de su libertad de elegir, cuando no existe una protección eficiente del Estado de Derecho frente a la coacción y/o la violencia, ideológica e institucional, de grupos organizados.
 
Miedo a la Libertad
 
Analizamos en Miedo a la Libertad I cómo se pueden observar tres mecanismos psicológicos de evasión de la responsabilidad individual que explican el apoyo de parte de la población a oligarquías extractivas y destructivas que, valiéndose de la democracia, atentan contra los derechos individuales y el ordenamiento constitucional del país:
 
1. Autoritarismo (o colectivismo).
2. Destructividad (o nihilismo).
3. Conformidad Automática (o conformismo).
 
También comentamos en Miedo a la Libertad II el origen platónico y hegeliano de las ideologías colectivistas como, entre otras, el comunismo, el nacional-socialismo o el nacional-separatismo y el peligro que suponen para las democracias multipartidistas y para el arraigo de una verdadera sociedad abierta.
 
El idealismo platónico y la utopía hegeliana conducen hacia sociedades más estatistas y cerradas, tribales o colectivistas, en donde los derechos civiles son intervenidos por el poder político, el orden de mercado es «dirigido», constreñido o suprimido, por la casta política, y la libertad es «guiada» con mandatos coactivos y/o con violencia, hacia los intereses particulares de las oligarquías extractivas y destructivas que controlan un territorio.
 
Los mecanismos psicológicos, arriba mencionados, explican las razones por las cuales las personas rehúyen su propia responsabilidad individual en situaciones de grave crisis económica y, sumergidos en entornos de coacción y/o violencia, se echan en brazos de la utopía que vende una casta política formada por oligarquías extractivas y destructivas, en lugar de escuchar a líderes inclusivos que marcan el camino hacia la sociedad civilizada, abierta y libre.
 
La sociedad se pone a prueba siempre que existe presión grupal, ideológica e institucional, desde grupos organizados que emplean la coacción y/o la violencia para imponer sus ideas sobre el resto de la población. Especialmente, la sociedad sufre en mayor medida el acoso de la coacción organizada, cuando el Estado deja de defender la Ley en algunos pueblos, ciudades y regiones. Sólo las personas con mayor entereza moral tienen valor para enfrentarse a un entorno hostil frente a la permanente coerción de los grupos organizados.
 
De hecho, una mayoría de personas sometidas a la coerción de un grupo numeroso, si pueden, optan por ponerse de perfil y callan para seguir con su vida habitual. Algunos pocos, aquellos con una moral relativista o, simplemente, sin moral, apoyan la "nueva" situación institucional para intentar medrar a rebufo de las oligarquías que ejercen el poder político sobre el territorio.
 
Eric Fromm en su obra Miedo a la Libertad, realizó un análisis de la psicología del nacional-socialismo y observó como la población de una democracia como la Alemania de los años 30 en el siglo XX apoyó y quedó supeditada a las tendencias psicológicas sadomasoquistas, de anhelo de poder de dominación y de sumisión a un poder exterior omnipotente como la "raza", el "pueblo", la "lengua", la "cultura" o la "nación", superiores a otras supuestamente más débiles:
 
Los que no llegaron a ser miembros de la organización partidaria nazi, obtuvieron los empleos quitados a los judíos y a los enemigos políticos; y en cuanto al resto, si bien no consiguió más «pan». Ciertamente logró más «circo». La satisfacción emocional derivada de estos espectáculos sádicos y de una ideología que le otorgaba un sentimiento de superioridad sobre todo el resto de la humanidad, era suficiente para compensar –durante un tiempo por lo menos – el hecho de que sus vidas hubiesen sido cultural y económicamente empobrecidas. (Fromm, E.: 2008 [1941], p. 214).
La "revolución" de Hitler, y a ese respecto también la de Mussolini, se llevaron a cabo bajo la protección de las autoridades existentes, y sus objetivos favoritos fueron los que no estaban en condiciones de defenderse. (Fromm, E.: 2008 [1941], p. 224).

Es importante rescatar el análisis de los mecanismos psicológicos individuales que promueven y desatan las ideologías colectivistas porque, hoy en día, no deja de sorprender cómo se siguen produciendo involuciones institucionales y cómo, ahora mismo, está ocurriendo un desafío institucional en la España de las autonomías, ante la inacción de las autoridades del Gobierno.
 
De hecho, existe similitud entre la psicología nacional-socialista y la ideología nacional-separatista en Cataluña, Galicia y el País Vasco, que emplean las oligarquías extractivas y destructivas para captar apoyos y perseguir sus propios intereses particulares de dinero y poder absolutos sobre un territorio.
 
Hay que recordar como, en su obra Camino de Servidumbre, Friedrich A. Hayek señalaba como también las personas más preparadas intelectualmente sucumben ante un aparato mediático omnipresente y ante el empleo del presupuesto público del Estado al servicio de las oligarquías extractivas y destructivas:
 
Ni las personas más inteligentes e independientes pueden escapar por entero a aquella influencia si quedan por mucho tiempo aisladas de todas las demás fuentes informativas... Todo el aparato [colectivista] para difundir conocimientos: las escuelas y la prensa, la radio y el cine, se usarán exclusivamente para propagar aquellas opiniones que, verdaderas o falsas, refuercen la creencia en la rectitud de las decisiones tomadas por la autoridad; se prohibirá toda la información que pueda engendrar dudas o vacilaciones.

Oligarquías secesionistas
 
En comentarios previos, hemos analizado como las oligarquías destructivas buscan movilizar los mecanismos psicológicos más primarios, latentes en las personas, para recabar apoyo social, conseguir el poder político y, desde allí, emplear los recursos públicos para intentar cambiar las instituciones por medio de la legislación positiva, los subsidios y ayudas públicas a las organizaciones afines (partidos, sindicatos, patronales, asociaciones, fundaciones...), y la propaganda en los medios de comunicación (periódicos, radios, televisiones...) que promueven su ingeniería social.
 
Los dirigentes secesionistas son un caso concreto de oligarquías destructivas que pretenden romper el ordenamiento jurídico para crear un Estado "ex Novo" ([1][2][3][4][5][6][7][8][9][10]), hecho a la medida de sus ambiciones personales, intentando maximizar sus intereses particulares de dinero y poder absolutos, y buscando obtener impunidad judicial para sus delitos.
 
Tan sólo hay que buscar las noticias relacionadas con la corrupción, para darse cuenta de que muchos dirigentes del movimiento secesionista tienen intereses particulares, que les llevan a intentar gestionar las decisiones judiciales en Cataluña ([11][12][13][14][15][16][17][18][19][20][21]).
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NOTAS:
 
 
(1) CC.AA. como laboratorio social de ideologías “cientistas”
 
La irracional organización territorial de España en 17 autonomías ha constituido un laboratorio social en donde se puede observar como las oligarquías destructivas provocan desafíos institucionales que se traducen en conflictos políticos y enfrentamientos sociales que:
 
1) Si se mantiene el incumpliendo de la Ley y la inacción del Gobierno de España, pueden suponer el endiosamiento de las oligarquías destructivas y la imposición de una sociedad más cerrada en la región, controlada como un latifundio y enfrentada con los territorios colindantes, ejerciendo coacción y/o violencia sobre los mismos para expandir la utopía nacionalista.
 
2) Si se impone el cumplimiento de la Constitución y si el Gobierno de España actúa conforme a Ley, pueden significar la destitución y el procesamiento judicial de las oligarquías destructivas y el arraigo de una sociedad más abierta con convivencia pacífica y colaboración con los territorios vecinos.
 
De hecho, el estado de las autonomías es un laboratorio social en donde se observa como la descentralización política puede conducir hacia situaciones de mayor estatismo y de insostenibilidad económica con más gasto, más impuestos, más endeudamiento, más barreras comerciales…
 
Lo que es aún peor, el estado de las autonomías es un laboratorio de ingeniería social donde se observa un mayor incumplimiento de la Ley, alta incertidumbre política y generalización de los casos de corrupción, prevaricación, malversación de caudales públicos, discriminación de los ciudadanos no-nacional-separatistas, incumplimiento de la Constitución y de las sentencias judiciales, enfrentamientos entre regiones, persecución de ciudadanos, periodistas y empresarios contrarios al nacional-separatismo...
 
(2) La falacia de la descentralización
 
 
La descentralización "liberal", ejercida sobre un orden político previamente establecido, es una falacia que forma parte del “buenismo” y del pensamiento "Alicia" de personas que obvian o desconocen el funcionamiento real del orden político, cuando no hay cumplimiento de la Ley por parte de las oligarquías extractivas y destructivas, que buscan sus propios intereses particulares y el beneficio de sus redes clientelares, por medio de más legislación y más Estado.
 
La fragmentación no facilita "per sé" el debilitamiento del Estado-Administración. Al contrario, la fragmentación ha generado múltiples administraciones, más Estado, actuando sobre un mismo territorio, como demuestran la deriva estatista de la inmensa mayoría de las Comunidades Autónomas con aumento del gasto, de los impuestos y del endeudamiento y con la imposición de leyes liberticidas en contra de los derechos individuales de la población.
 
El poder legislativo de 17 parlamentos autonómicos supone alcanzar más de 100.000 normas al año en España y el poder ejecutivo de 17 gobiernos autonómicos ha significado un aumento del gasto público en más de 15 puntos porcentuales del Producto Interior Bruto (PIB) de España, convirtiéndose en un problema estructural de la economía española, dado que la organización territorial elefantiásica ha disparado el gasto público hasta niveles cercanos, sino  superiores, al 50% del PIB de España.
 
Además, la descentralización favorece la corrupción por funcionarios y políticos regionales, en favor de sus redes clientelares de medradores (partidos políticos, sindicatos, fundaciones, patronales y empresas subvencionadas).
 
(3) Desafíos institucionales a la Constitución Española de 1978
 
Debido a la inacción del Gobierno de España que se resiste a aplicar el artículo 155 CE, al flagrante incumplimiento de las sentencias judiciales y, por extensión, al incumplimiento de la Constitución Española de 1978, las oligarquías de élites destructivas de Cataluña están planteando un desafío institucional, al pretender celebrar el 9 de noviembre de 2014 un referéndum de secesión en contra de la Constitución Española de 1978, que es la norma básica que posibilita la convivencia pacífica entre todos los ciudadanos.
 
Sin embargo, la soberanía no reside en una región ni en las oligarquías destructivas que la gobiernan. El apartado segundo del artículo 1 de la Constitución, ratificada por una amplísima mayoría el 6 de diciembre de 1978, establece lo siguiente:
 
“La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”
 
El artículo 2 CE añade con rotundidad que:
 
“La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre toas ellas”.
 
Y el apartado 1 del artículo 8 CE establece como:
 
“Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”.
 
El  nuevo jefe del Estado, Felipe VI, ha mostrado determinación, firme y clara, para el cumplimiento de sus funciones constitucionales en el discurso de proclamación ante las Cortes de España:
 
 
“Una nación forjada a lo largo de siglos de Historia por el trabajo compartido de millones de personas de todos los lugares de nuestro tenorio y sin cuya participación no puede entenderse el curso de la humanidad.
Una gran nación, Señorías, en la que creo, a la que quiero y a la que admiro; y a cuyo destino me he sentido unido toda mi vida, como Príncipe Heredero y -hoy ya- como rey de España…
En España han convivido históricamente tradiciones y culturas diversas con las que de continuo se han enriquecido todos sus pueblos. Y esa suma, esa interrelación entre culturas y tradiciones tiene su mejor expresión en el concierto de las lenguas. Junto al castellano común que, tal y como establece la Constitución, debe ser objeto de especial respeto y protección; pues las lenguas constituyen las vías naturales de acceso al conocimiento de los pueblos y son a la vez los puentes para el dialogo de todos los españoles. Así lo han considerado y reclamado escritores tan señeros como Antonio machado, Espriu, Aresti o Castelao.
“En esa España, unida y diversa, basada en la igualdad de los españoles, en la solidaridad entre sus pueblos y en el respeto a la Ley, cabemos todos; caben todos los sentimientos y sensibilidades, caben las distintas formas de sentirse español. Porque los sentimientos, más aún en los tiempos de la construcción europea, no deben nunca enfrentar, dividir y excluir, sino comprender y respetar, convivir y compartir”
 
Esperemos otrso líderes realicen el mismo discurso y. sobre todo, actúen aplicando la Constitución y anteponiendo el interés general de los españoles por encima de las espúeros intereses particulares de las oligarquías extractivas y destructivas
 
 
Efectivamente, tal y como afirmaba el psicólogo norteamericano John Dewey a mediados del siglo XX:
 
La amenaza más seria para nuestra democracia no es la existencia de los Estados totalitarios extranjeros. Es la existencia en nuestras propias actitudes personales y en nuestras propias instituciones, de aquellos mismos factores que en esos países han otorgado la victoria a la autoridad exterior y estructurado la disciplina, la uniformidad y la confianza en el líder. Por lo tanto, el campo de batalla esta también aquí, en nosotros mismos y en nuestras instituciones”
 
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