viernes, 17 de abril de 2015

Errores Intelectuales en el Populismo (III)

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En la conferencia Ayuda al Desarrollo y Pobreza, organizada por el Centro Diego Covarrubias junto con el Instituto Juan de Mariana, José Ramón Ferrandis expuso magistralmente que un buen gobierno o, si se prefiere, que un buen marco institucional es una condición sine qua non para el crecimiento económico de los países.


1. Marco institucional


El marco institucional es el primer vector de crecimiento económico de los países y permite que arraiguen adecuadamente los otros tres vectores de desarrollo que son la inversión extranjera, la aportación de los inmigrantes y el impulso del turismo.


Estos cuatro factores crearon el “milagro alemán” después de la Segunda Guerra Mundial y, también, generaron el “milagro español” durante los años 60 y 70 del siglo XX y, como también señala José Antonio de Aguirre en su obra El Capitalismo y la Riqueza de las Naciones, en mayor o menor medida, actúan como los impulsores de la riqueza de las naciones, teniendo en cuenta dentro del marco institucional de cada país que deben darse requisitos fundamentales para el desarrollo económico como el cumplimiento de la Ley, el dinero de calidad entendido como institución social, la seguridad jurídica de las inversiones, las garantías en el sistema judicial, la facilidad en la creación y gestión de empresas, los bajos niveles de burocracia y de impuestos, la eliminación de barreras comerciales... y, en definitiva, los bajos niveles de intervencionismo político y de corrupción.


Estos vectores aportan el capital financiero, técnico y humano necesario para el desarrollo de los países pero, siempre, es importante resaltar que funcionan «si y sólo si» el marco institucional es abierto.






2. Populismo religioso


Anteriormente, hemos visto como el populismo (Parte 1) y el socialismo (Parte 2) son las dos caras de una misma moneda intervencionista, pretendiendo «guiar» la sociedad abierta y libre hacia la sociedad colectivista y cerrada lo que conduce hacia la pobreza a los países.

Vimos que, desde la perspectiva del análisis de la economía política orientada a la consecución de la eficiencia dinámica, es importante la repercusión de los mensajes religiosos porque pueden dar soporte moral a la existencia de una sociedad civilizada pero, también, sin pretenderlo, pueden justificar los movimientos revolucionarios que «guían» la colectivización de los países.

Continuando con el análisis del discurso populista (Parte 1 , Parte 2)que está empleando el Papa Francisco I, podemos observar como con excesiva frecuencia cae en el error intelectual de la complacencia con los líderes políticos utópicos, cuando justifica la pobreza de los países pobres empleando las ideas del recientemente fallecido Eduardo Galeano, en lugar de exhortarles a que mejoren el marco institucional de cada país hacia la democracia, la dispersión pluralista del poder, la independencia judicial y la eliminación de la corrupción para que lleguen las empresas y las inversiones que crean la riqueza de los países.

En el año 1971, éste escritor populista de izquierdas publicó el ensayo Las venas abiertas de América Latina, exaltando las ideas marxistas de lucha de clases que movilizaron a miles de jóvenes latinoamericanos a empuñar las armas y luchar por un mundo "supuestamente" mejor pero que, en realidad, desembocan siempre en utopías:  bien en forma revolucionaria de dicta-duras comunistas como en Cuba o bien, más lentamente, en forma de democracias deterioradas que ejercen el socialismo de "amiguetes" (o, si se prefiere, "crony capitalism") y que suelen "involucionar" hacia dicta-blandas neo-comunistas como en Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Ecuador... donde se oprimen las libertades civiles de la población y se cercenan las libertades económicas «guiando» los pueblos hacia la pobreza, la miseria y el hambre, simplemente por aplicarse la imposibilidad de cálculo económico en el socialismo.





3. Empresarialidad, esfuerzo y trabajo frente a la lucha de los pueblos


En el Encuentro Mundial de los Movimientos Populares, que fue celebrado en Roma el pasado 28 de octubre de 2014, en presencia del presidente de Bolivia, Evo Morales, el discurso populista del Papa Francisco I criticaba a la institución del dinero como la causa principal de todos los males del hombre sin advertir que, lamentablemente, se trata de una institución del orden de mercado que está alterada y sometida a la intervención de los bancos centrales y los gobiernos.


A continuación, sin razonar su ataque a la institución del dinero, el Papa reafirmó su confianza en la solidaridad (social) y en el cambio de la historia desde los movimientos populares:
Es enfrentar los destructores efectos del Imperio del dinero: los desplazamientos forzados, las emigraciones dolorosas, la trata de personas, la droga, la guerra, la violencia y todas esas realidades que muchos de ustedes sufren y que todos estamos llamados a transformar. La solidaridad, entendida, en su sentido más hondo, es un modo de hacer historia y eso es lo que hacen los movimientos populares.

Incluso exhortó a la lucha de los pueblos por los derechos sociales que, previamente, había catalogado como sagrados:
Este encuentro nuestro no responde a una ideología. Ustedes no trabajan con ideas, trabajan con realidades como las que mencioné y muchas otras que me han contado... tienen los pies en el barro y las manos en la carne. ¡Tienen olor a barrio, a pueblo, a lucha! …
Yo los acompaño de corazón en ese camino. Digamos juntos desde el corazón: Ninguna familia sin vivienda, ningún campesino sin tierra, ningún trabajador sin derechos, ninguna persona sin la dignidad que da el trabajo. Queridos hermanas y hermanos: sigan con su lucha, nos hacen bien a todos. Es como una bendición de humanidad.

El discurso fue realmente desafortunado al caer en el populismo que gusta a los políticos utópicos, en vez de ensalzar la fuente de la caridad que está en las familias y los emprendedores que hacen negocios y crean empresas, generan trabajos y, honradamente, permiten que los trabajadores obtengan salarios, techos y tierras, mediante la gestión empresarial, el esfuerzo laboral, la austeridad en el gasto y el ahorro privados, que posibilitan nuevos proyectos e inversiones que, a su vez, crean mayor riqueza en los países y que son el único medio “civilizado” de crear riqueza.


4. Derechos individuales como valores morales cristianos


Después de analizar estos mensajes utópicos en los discursos de Francisco I que abordan de un modo simplón y "naif" el área de la economía, muchos cristianos echamos en falta que el Vaticano haga sus discursos más osados, firmes y directos, a la hora de aglutinar y movilizar a los ciudadanos y pueblos de Occidente en la defensa de los valores morales cristianos que están constituidos por los derechos individuales (sagrados y fundamentales) a la vida, a la libertad, a la propiedad y a la igualdad de trato ante la ley.

Especialmente, considerando que los derechos individuales están diluyéndose en Europa y América por medio del ateísmo, la eugenesia, la eutanasia o la ideología del género. Y están destruyéndose en Irak y Siria por el Estado Islámico con robos, incendios, secuestros, violaciones, asesinatos y degollamiento de cristianos, caldeos, kurdos...

Quizás sea fruto del relativismo de los líderes occidentales que la cultura cristiana sea conducida irremediablemente hacia la sumisión ideológica y demográfica al islamismo radical en Europa.
Precisamente, por ello, resulta asombroso que el Papa Francisco I hiciese referencias simbólicas en el mencionado discurso, porque parecen «guiar» hacia una escala de valores variable y moldeable:
Por eso a mí me gusta la imagen del poliedro, una figura geométrica con muchas caras distintas. El poliedro refleja la confluencia de todas las parcialidades que en él conservan la originalidad. Nada se disuelve, nada se destruye, nada se domina, todo se integra, todo se integra. Hoy también están buscando esa síntesis entre lo local y lo global.

Esta última reflexión permite traer a colación la importancia de que el discurso de la jerarquía de la Iglesia Católica sirva mejor a la comunión en Jesucristo y, por tanto, sus mensajes se centren en el ethôs tradicional que se encuentra en la defensa de los valores morales fijos y absolutos de la vida, la familia, la libertad, la propiedad o la igualdad de trato ante la ley que son los verdaderos derechos sagrados que se derivan de los Evangelios por el Amor a Díos y al prójimo:
En aquel tiempo, los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se acercaron a Jesús y uno de ellos le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?». Él le dijo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser». Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: «Amarás al prójimo como a ti mismo». Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.
(Mateo 22, 34-40)

Dado que el reino de Dios no es de este mundo, algunos cristianos entendemos que la Iglesia tendría que centrarse en salvar las almas mediante la comunión en Jesucristo, la misericordia y la caridad cristianas para encontrar el “paraíso en el Cielo”, situado más allá del poder terrenal, en lugar de enfangarse en los asuntos ideológicos que intentan proveer un “paraíso en la Tierra”.


5. Cristianismo como guardián de la sociedad civilizada


Probablemente, algún ateo furibundo se eche encima del artículo por emplear citas religiosas. Sin embargo, el economista austriaco Friedrich Hayek consideraba al cristianismo como «guardián de la tradición» y sus valores morales los responsables de la existencia de la sociedad civilizada, abierta y libre.


Se quiera o no, hay hechos que son irrefutables. Las aterradoras noticias sobre el Estado Islámico y la destrucción de los vestigios de civilización que está ejerciendo en Siria y en Iraq, con varias ramificaciones hacia otros países como Túnez, Yemen, Somalia, Egipto, Nigeria... confirman plenamente la importancia del cristianismo y de los valores cristianos como las bases morales de la civilización occidental frente a la barbarie.

Por el bien de la sociedad civilizada, abierta y libre, es necesario debatir, comentar y, llegado el caso, refutar los errores intelectuales que pueden perjudicar las instituciones morales generadas por un lento proceso de evolución sociocultural que ha durado miles de años. El cristianismo tiene todavía mucho que decir en el arraigo de la sociedad civilizada en Occidente.

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